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Artà es uno de los pocos municipios de Mallorca, que cuentan con extensas playas de arena y no han sido urbanizadas, gracias a la sensibilidad que han tenido sus habitantes por proteger el territorio. Sin duda estos espacios naturales, donde el mar casi siempre es el protagonista, son el mayor atractivo no solamente de Artà, sino de toda Mallorca.
En el núcleo antiguo del pueblo de Artà, en la parte alta, se encuentran grandes mansiones, que fueron las posadas que los propietarios de las grandes fincas tenían en el pueblo, así como los edificios hechos construir por les emigrantes a Sudamérica que hicieron fortuna allí. También se encuentran casas más sencillas, construidas siguiendo las directrices de la arquitectura tradicional, que confieren a sus calles un aire de otras épocas. Son muchas las personas que visitan Artà, donde incluso hay unos cuantos pequeños hoteles de interior y una buena oferta de cafeterías y restaurantes, la mayor parte de ellos en la zona para peatones que se encuentra en la entrada viniendo de Palma de Mallorca, las calles Ciutat y Antoni Blanes, donde también se encuentra na Batlessa una vieja mansión convertida en centro cultural, con un fondo documental del pintor Miquel Barceló. En el mismo solar, se ha construido el moderno edificio del teatro municipal.
Las cuevas de Artá Mallorca, están situadas en la costa marítima del término municipal de Capdepera, en el Cap Vermell, rodeadas de montañas que se levantan sobre el mar.. Han sido visitadas desde tiempos remotos y es muy probable que las conocieran los primitivos habitantes de Mallorca y los diversos pueblos que posteriormente la habitaron. Franqueada la entrada, de una gran altura ,se accede a un vasto departamento llamado Vestíbulo o Salón de Entrada, en el que innumerables estalactitas de prodigiosas formas y extraordinarias proporciones penden de una elevada bóveda. Altas estalagmitas se levantan del suelo, elegantes y esbeltas, semejando vagamente formas humanas, espectros misteriosos, inmóviles, rígidos, indiferentes a la mirada del hombre y con esa imponente superioridad de las maravillosas creaciones de la naturaleza.
El poblado talayótico de ses Païsses, situado a menos de un kilómetro de Artà sobre un pequeño montículo, dentro de un encinar, representa uno de los vestigios más importantes de la prehistoria en Mallorca, donde se calcula que habitaron unas 324 personas. La construcción de su muralla, se estima que se llevó a cabo entre los años 1000 y 800 antes de Cristo. Su acceso, en una travesía de la calle que lleva a Capdepera, está bien señalizado.
Sant Salvador es un recinto amurallado, con un santuario en su interior, que ya era conocido en época de los musulmanes, por lo tanto se trata de una construcción defensiva anterior a la conquista catalana de Mallorca. Se encuentra sobre un monte, siendo la construcción más emblemática de Artà. La muralla de un metro de grosor, cierra una superficie de 4000 metros cuadrados y cuenta con diez torres. La antigüedad del santuario se remonta al siglo XIII y acoge una talla de la Virgen María, sentada con el niño Jesús. Se trata de una talla románica, probablemente del siglo XII, traída desde Cataluña. El actual edificio del templo se construyó en el siglo XIX, ya que el anterior fue destruido porque había sido utilizado como hospital durante la peste que padeció la comarca el verano de 1820. Tiene planta de cruz latina y se enmarca dentro del estilo neoclásico, donde destacan las pinturas al fresco de su cúpula.
La iglesia parroquial se ve nada más llegar a Artà, en la parte baja del monte de Sant Salvador, desde donde parte una escalera de 180 escalones para subir a pie al recinto amurallado. Su construcción empezó en 1573, sobre un templo más antiguo y las obras se alargaron hasta el 1818. Es un edificio de planta rectangular, de nave única, con capillas entre los contrafuertes y cubierta con bóveda de crucería. Su estructura arquitectónica, mantiene los elementos propios del gótico, aunque su construcción pertenece a la época barroca, estilo al que se enmarcan los retablos interiores.
En la calle de la Creu encontramos el convento de los franciscanos, Sant Antoni de Pàdua construido en el siglo XVII siguiendo el estilo arquitectónico barroco. El interior del templo es de una sola nave, cubierta por una bóveda de medio punto, con cinco capillas a cada costado. Al lado de la iglesia está el claustro, formado por una galería de arcos de medio punto.